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La OMS hace tiempo expresó su temor a que la crisis económica provocase un aumento de la ansiedad y las enfermedades mentales. A través de lo publicado en numerosos artículos, sabemos que en nuestro país se han disparado los casos de ansiedad y depresión, haciendo que aumenten los intentos de suicido, llegando incluso a su consumación. Nuestra ciudad Valencia, no queda al margen de dicha realidad.

Los problemas económicos, el desempleo, los desahucios, las múltiples carencias y la desesperanza, impotencia e indefensión que provocan, son las causantes de esta delicada situación que estamos viviendo y de sus duras consecuencias.
Ante estos acontecimientos, las personas podemos pensar que no tenemos nada que hacer porque no depende de nosotr@s; y sí es verdad que poco podemos hacer si cierran una fábrica o aumenta el número de parados, pero sí podemos plantearnos como percibimos esa situación y como nos enfrentamos a esas preocupaciones que se han convertido impositivamente en nuestros acompañantes de cada día.

Quien no tiene un amigo o un familiar sin trabajo, quien no conoce a alguien que tiene una situación precaria, quien no está haciendo lo posible por adaptarse a las circunstancias… en este momento en que las “cosas” se han agravado, necesitamos más que nunca estar positiv@s y que las personas nos apoyemos las unas a las otras.

L@s profesionales que nos dedicamos a la salud y a lo “social” y que diariamente nos relacionamos con diferentes individuos y sus problemáticas, comprobamos que las personas que mejor afrontan lo que va ocurriendo, independientemente de sus recursos económicos, son las que gozan de una sana autoestima y despliegan una buena red social. En estos momentos palabras como: colaboración, ayuda, comunicación, unión, apoyo, generosidad…, son claves para enfrentarnos a lo que está sucediendo.
La Psicología Positiva nos recuerda que nos podemos centrar tanto en lo negativo que sin apenas darnos cuenta, podemos olvidar e incluso negar nuestras características positivas, adoptando una visión pesimista del ser humano y del mundo. La depresión no sólo se caracteriza por la presencia de emociones negativas, sino también por la ausencia de emociones positivas: optimismo, satisfacción, alegría, entusiasmo, etc.

Los efectos que tienen el experimentar emociones positivas para las personas son beneficiosos y duraderos. Por ejemplo, el optimismo actúa como potenciador de la salud y del bienestar subjetivo (felicidad) y claro está, también en momentos de apuro. Las emociones positivas amplían los repertorios de pensamiento y acción, y contribuyen a establecer las condiciones adecuadas para el desarrollo de diferentes habilidades que nos ayudan en las relaciones de amistad y de apoyo, que nos permiten improvisar y crear, y que se convierten en valiosos recursos en situaciones difíciles, en las que disponer de resistencia, apertura al cambio, flexibilidad, capacidad de innovación y de establecer relaciones; puede marcar la diferencia entre sentirnos bien o mal.

En cuanto a la sexología, también nuestra vida sexual puede estar condicionada por la inestabilidad económica ya que los problemas afectan al deseo sexual. Si algun@ de los miembros de la pareja, está preocupad@, esto puede provocar una reducción en la motivación afectando a la pasión y consecuentemente a las relaciones sexuales.

Planteándonos activamente una mejora en nuestras relaciones afectivo-sexuales podemos combatir de forma natural, la tristeza y otras preocupaciones que pueden invadir nuestras vidas, ayudándonos a conseguir estabilidad emocional como una sólida base en estos momentos de dificultad. Practicando sexo liberamos en el organismo endorfinas, las hormonas de la felicidad, produciendo esas sensaciones agradables que combaten y reducen notablemente el malestar.