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Cassandra Vera no es otra cosa que una persona que tiene una cuenta de Twitter. Y no es otra cosa que en una ocasión tuvo la idea, para algunos buena y para otros mala, de publicar unos tuits en los que se hacía humor negro sobre el asesinato de Carrero Blnco.

Una acción que a día de hoy, y según la sentencia del juez que lleva su caso, le debe costar una pena de un año de prisión. Una condena que si bien es cierto tiene que ratificar el Tribunal Supremo, no es menos cierto que ya le ha ocasionado más de un contratiempo.

No en vano no solo tendrá antecedentes penales el resto de su vida sino que al mismo tiempo quedará inhabilitada durante un tiempo en el caso de que quiera optar a un cargo público. Eso sin contar que ya no va a poder tener derecho a ninguna clase de beca.

Antecedentes de este tipo de casos

Pero el problema del humor negro es mucho más profundo que todo esto. Más que nada porque Cassandra Vera no es la única que ha hecho este tipo de sátira sobre un personaje, político o no, ya fallecido. Incluso humoristas de profesión han creído convenientes reírse de los muertos, o de sus circunstancias, alguna vez en la vida. Y para ellos no ha habido condena.

Simplemente se cree que Cassandra Vera es una cabeza de turco. Simplemente se cree que es una injusticia. Y es que parece, a tenor de lo que dicta la sentencia, y de confirmarse, que este tipo de humor es más grave que defraudar a Hacienda o que robar el dinero a los contribuyentes. ¿Dónde queda la libertad de expresión después de todo este asunto? ¿De verdad podemos decir que estamos en un país que se puede considerar como libre?