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Aquellos tesoros invaluables que son parte de uno de los patrimonios artísticos de mayor valor de la Edad Media, esos que en otros siglos habitaron en el Monasterio de Sijena a donde pertenecen, hoy están dispersos por distintos lugares en el mundo ocupando lugares que no les corresponden.

Claro que no en cualquier lugar, sino en algunos de los grandes museos como el Prado, Cleveland, Museo Diocesano de Lleida y un par mas donde fueron a parar después de ser arrebatados al Monasterio de Sijena, en medio de conflictos bélicos y saqueos de otros tiempos, un tesoro añorado que ojalá algún día se reúna en su lugar.

A sabiendas de que se conoce el paradero de parte de los tesoros de Sijena, la atención está centrada en los que se encuentran en el Diocesano de Lleida, un total de 44 obras que ya han sido reclamadas a su lugar de origen mediante una orden judicial; no obstante el director de este museo dice no haber recibido la notificación de devolución de las mismas y es que afirma que hay piezas únicas en esta colección, de ellas se exhiben solo 7 en el museo, hay unas que simplemente no caben y otras tantas que no están en condiciones óptimas.

 

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Las obras de Sijena que más resaltan en la exhibición de este museo, son las tumbas confeccionadas en madera pertenecientes a la Priora Sor Francisquina d´Erill y de Castro, Sor Beatriz Cornel y Sor Isabel de Aragón; entre tanto mantienen en reservas otras obras la mayoría compradas en mal estado y otras de autores desconocidos.

Las 44 piezas que habitan en este museo desde los años 70, fueron compradas a las monjas de Sijena en 1983 por 10 millones de pesetas y en el 2012 se interpusieron las solicitudes para su devolución, dejando sin efecto la transacción realizada antes con las religiosas, por cierto que no fue lo único que las monjas vendieron y que ya los compradores han devuelto a su lugar de origen.

Recuerda Giralt, como el Retablo Mayor de Sijena que se erigió en sus siete metros de altura como todo un símbolo del Monasterio terminaron en manos del pintor Valentín Carderera, este a su vez donó partes de él al museo de Huesca y finalmente sus partes quedaron dispersas por varios museos del mundo, incluyendo el de Lleida.

El monasterio ha sido objeto de inversiones por parte del Gobierno aragonés para su restauración, la intención es convertirla en un museo donde se puedan apreciar todas sus piezas, por ahora solo se exhiben las 51 piezas que si fueron devueltas por Mnac al monasterio, mientras quedan pendientes de resolver varios recursos.