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A decir verdad, seguramente muchos de vosotros os habréis dejado llevar por el título de este artículo. Y es que, tenemos que partir de la base de que el turismo en sí mismo no es para nada perjudicial para una ciudad como pueda ser la de Madrid. Una ciudad, que le pese a quien le pese, recibe una buena cantidad de ingresos anuales como consecuencia de las personas, tanto de dentro de nuestras fronteras como de fuera de las mismas, que la visitan año tras año.

Sin embargo, también hay que ver las dos caras de la moneda, y advertir que una masificación del turismo, o mejor dicho, un poco control de este turismo, sobre todo extranjero, puede llegar a suponer un verdadero problema para aquellos vecinos que lo padecen. Y es que, como vamos a poder ver a continuación, el escaso control que hay dentro de esta materia, a diferencia de otras ciudades como pueda ser la de Barcelona, puede llegar a producir algún trastorno severo a la población.

Pisos alquilados sin ningún control

Por poner un ejemplo que clarifique esta situación, el 85% de los pisos de la calle el príncipe de la Comunidad de Madrid, son alquilados a personas que vienen a pasar unos días a la ciudad. Como te puedes imaginar, estas personas, sobre todo extranjeras, tratan de alargar lo máximo posible el día no solamente para conocer los atractivos turísticos de la capital sino también para conocer la noche.

Y es aquí donde radica el principal problema. Más que nada porque son muchos los ruidos los que se pueden escuchar a altas horas de la madrugada. Asimismo, también se pueden ver los restos del comportamiento incivico en la propia comunidad de vecinos. Botellas rotas, restos de vidas alcohólicas y una gran cantidad de vómitos, son los protagonistas de una serie de viviendas en las que también viven personas que son propietarias de las mismas.