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Aunque en un primer momento pueda parecer poco menos que un chiste, no solo no lo es en absoluto sino que es una realidad palpable en todos los sentidos. Eso sí, todo ello se debe a un vacío legal, que ahora pasaremos de tallar, que hay en la normativa madrileña y que tanto el Consistorio como las propias organizaciones de empresarios aceptan y asumen como tal.

Exceso de bares en zonas concreta de la capital

Esta es la razón por la que son muchos los establecimientos los que abren con este tipo de licencias. Y es que, como consecuencia de la ley de contaminación acústica en el centro de la ciudad, ZPAE, se ha restringido la apertura y la concesión de licencias para bares y restaurantes. Pero claro, ya se sabe que hecha la ley, hecha la trampa.

Una trampa que se basa en un resquicio legal que admite a las pastelerías como establecimientos que no contaminan, dentro de un escenario acústico, en la misma medida que los bares. Sin embargo, este pequeño subterfugio no está exento de gasto por parte del establecimiento ya que tiene que habilitar una barra como las que tienen las pastelerías y siempre, cuando sirven la comida, para evitar malos entendidos con las inspecciones, hacer una pregunta que ya se ha convertido en todo un clásico. ¿Para tomar aquí o para llevar?

Esta pregunta es obligatoria si se quiere mantener la licencia. Eso sí, no hay más que ver la actividad que hay dentro para ver que poco o nada tiene que ver con un servicio de pastelería o de platos preparados. Son restaurantes en toda regla, los cuales, dan menús del día y similares. Una laguna legal, la cual, por cierto, todavía no se considera cubrir ya que iría en perjuicio del sector hostelero.