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Por un lado se encuentran los partidarios de que se actuará con mayor rigidez y desde el principio, para así evitar a toda costa el avance de los secesionistas y por el otro lado aquellos que son pro diálogo y que piden actuaciones de forma más bien reactivas, eso sí,  cada bando encabezado por dos altos cargos femeninos, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal.

En el largo camino transitado hasta ahora, Puigdemont ha contribuido sin duda alguna  a una crisis en Cataluña hoy muy profunda y que ha hecho mella dentro del gobierno, dado que cada bando defiende su posición como la mejor opción.

En manos de la vicepresidenta Santamaría quedó la responsabilidad de construir los espacios de diálogo por los que ha abogado desde el principio, en su ardua labor le tocó fomentar sinergias entre los distintos actores de la sociedad catalana como el económico, político y social en aras de detener el avance del proceso independentista, pero lejos de alcanzar su objetivo, los intentos de diálogo de Santamaría chocaron de frente con una hoja de Ruta indetenible de Puigdemont que se llevó por delante cualquier posible entendimiento con otros líderes de la Generalitat, lo cual ha desembocado en las tensiones cada vez más profundas en el seno del Gobierno.

La acción independentista del gobierno catalán y de las fuerzas políticas del parlamento que le dan sustento

Aun así, su habilidad política y el apoyo jurídico que ha tenido a su disposición, le han permitido mantener viva su tesis de que el camino del diálogo y entendimiento es la mejor opción, el ser cautelosos y dar cada paso de la mano del Tribunal Constitucional ha sido su forma de blindar cada decisión del lado del Gobierno para actuar frente a los avances del Govern y siempre dejando como la última alternativa y tras haber agotado toda vía de entendimiento posible, la aplicación del 155 de la Constitución.

Pero esto no ha sido lo suficientemente contundente para frenar las pretensiones independentistas que lidera Puigdemont, lo cual ha provocado la más profunda crisis institucional catalana de los últimos tiempos y la solución de la que ha echado mano Rajoy, amparándose en la Constitución, pareciera no ser para muchos la más recomendable o en todo caso efectiva, dada la grave situación social, económica y política de Cataluña.

Rajoy se ha debatido entre la aplicación del artículo 155 y se ha cuestionado en otras ocasiones el no haber accedido a su aplicación desde el principio, sin embargo siempre ha terminado cediendo a dar cabida al diálogo.

Cospedal, aunque muy comedida, ha apoyado consistentemente la tesis de actuar de manera adelantada a la Generalitat y tuvo la oportunidad de defender su punto de vista justo después del 6 y 7 de septiembre, hoy día ha preferido mantenerse al margen de cualquier opinión que refleje una postura adversa al Gobierno.