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Unos 300 presos liderados por seis de sus compañeros, participaron de la revuelta en la que quemaron material de la prisión. Los líderes han sido controlados y aislados.

Sillas y mesas fueron prendidas en fuego en las entradas de las galerías donde se ubican los presidiarios en señal de protesta, para que las medidas sanitarias que permitan hacer frente a la pandemia de Covid-19 sean mejores. Esto fue algo  realizado por más de 300 reclusos.

Parte de lo que estos reclusos exigen a la directiva del recinto carcelario de Ocaña 1, es que procedan con la debida desinfección de las instalaciones y que promuevan la flexibilización de las salidas al patio.

Esta última petición tiene lugar debido a que los permisos de salida al patio quedaron restringidos, una vez que se conoció de la epidemia con el propósito de evitar que el virus se propagara con mayor facilidad entre la población de presidiarios. Incluso las visitas familiares han quedado temporalmente suspendidas.

Por su parte, las autoridades competentes han puesto en marcha algunas medidas que apuntan a compensar este necesario aislamiento, en tal sentido se ha promovido mayor comunicación vía telefónica con los familiares y cercanos para lo cual se hizo entrega de 240 teléfonos móviles a los recintos carcelarios.

Aun así, los reclusos consideran que no están lo suficientemente protegidos frente al virus y que esta medida no es suficiente, por tales razones esta población de un poco más de 300 presos se dispuso a hacerse escuchar, bajo la guía de un grupo de 6 de los encarcelados.

La acción de protesta llevada a cabo por los presidiarios que se extendió por unas dos horas, implico la quema de una serie de materiales de uso diario dentro de la cárcel, con lo que formaron una tremenda hoguera, la cual era fácilmente avistada desde el exterior del recinto y  que generó mucho humo que afecto varias zonas del lugar.

Ciertamente que el eje central de la protesta se fundamentó en las medidas que tomaron las autoridades carcelarias, así como la falta de atención médica sin embargo es evidente que la ausencia de drogas en centros como estos, provoca reacciones mucho más agresivas en algunos de los internos.

La razón es que al restringir las visitas, la droga que las visitas se ingenian para pasar a sus familiares presos, ya no está llegando, y esto genera las reacciones propias de la abstinencia en los reclusos que son consumidores de drogas.

Los funcionarios lograron calmar progresivamente la protesta, persistieron hasta el final apenas unos 50 reclusos y entre ellos los 6 presos españoles, que finalmente depusieron su actitud junto con los demás.