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El portero y conserje de un edificio de la calle Conde Duque se sienta en las escaleras de la entrada sin más distracción que supervisar a los empleados municipales que talan los árboles y vigilando la prohibición vigente que existe hoy en día en todo Madrid, de aparcar en la zona azul frente a ellos.

Varios vehículos están estacionados a menos de 100 metros del tramo hasta donde se puede ver, como un Land Rover blanco, que según el conserje y portero, lleva mal aparcado un par de horas.

A las 11.20 de la mañana del viernes, uno de los conductores de la zona sale de la motocicleta y es multado. El conductor del vehículo que está delante de ti es advertido inmediatamente después por el controlador.

“Me voy”, dice la señora, que huye. En la zona prohibida también están prohibidas dos furgonetas de reparto, con los stands intermitentes (exentos de restricciones si disponen de autorización de carga y descarga en la zona SER), el vehículo de los trabajadores que cortan las ramas, un Peugeot y un Skoda con una marca de identificación del vehículo para personas con movilidad reducida (también libre de la prohibición).

“El minusválido es muy elástico”, dice el portero cuando ve a una pareja que sale del Skoda sin ningún problema físico evidente y dicen que no se puede aparcar en azul, ahora el conserje habla para ver que otra pareja mete su Golf en el hoyo que dejó a la señora asustada por el controlador y es que en pocos minutos, el conductor vuelve a aparecer y deja una sanción en el parabrisas del Golf.

Son las 12.20 horas y es la tercera multa que se ha impuesto hasta la fecha. “En un día normal, a esta hora no habría puesto ninguna”, explica, “pero en general la gente respeta bastante las zonas de aparcamiento.”

trafico colapsado en la M-30

La verdad es que los dominios de conserje y del portero parecen ser un punto particularmente controvertido porque en la misma calle Conde Duque, a pocos metros más abajo, la zona azul está completamente vacía. Lo mismo ocurre en la cercana calle San Bernardo, donde sólo un vehículo, un Nissan Leaf, en el que es difícil no darse cuenta por su llamativo color naranja, parece desafiar el veto.

A medida que nos acercamos, vemos que la leyenda “cero emisiones” está impresa en la parte posterior.

Es un vehículo no contaminante y por lo tanto, inmune a las restricciones de tráfico. Puede circular y estacionarse donde quiera y cuando quiera, independientemente del número de matrícula e incluso en el escenario más grave de lucha contra la contaminación de los cuatro previstos por el Ayuntamiento.

Todavía quedan plazas en las zonas verdes, donde los residentes pueden aparcar, probablemente porque muchos residentes están de puente y después de cuatro días de vacaciones, el responsable de un aparcamiento privado en la calle Santa Cruz de Marcenado también es responsable de la escasa ocupación.

“Otros días de restricciones nos han impactado ciertamente, pero hoy la situación es muy tranquila”, dice. Tenemos 160 sitios y no hay ni siquiera 60 coches y la mayoría de ellos son trabajadores”, agrega, señalando un vehículo que lleva una escalera en el techo y tres obreros de la construcción fumando y charlando con los trabajadores en una peluquería donde no hay clientes.

Según anunció el Gobierno de Manuela Carmena en marzo, la prueba piloto para probar un SER alternativo en zonas de conflicto como esta, estaba programada para comenzar en la segunda mitad de 2017. El distrito de la Virgen de Begoña, junto con el Hospital Ramón y Cajal, fue identificado como el primero en el que se pondría a prueba este plan para frenar el “efecto frontera”.

Mientras que la solución prometida llega a las Ventas, el propietario del Kia Sorento sigue buscando un espacio. “Tengo al menos media hora”, dice. “Intentaré aparcar en una escuela que está 400 metros.”