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Vivir la infancia en la Cañada Real significa cualquier cosas menos que asistir a un buen colegio o jugar fútbol en un parque; al contrario de los niños en Madrid, en esta zona los más pequeños suelen vivir el día a día rodeado de necesidades y constante discriminación.

Por otro lado intentar que estos niños sigan una rutina de estudio entre el vicio, el hacinamiento y la precaria infraestructura, resulta ser una empresa casi imposible, sin embargo y desde hace más de siete años la gente Cáritas ha logrado insertar aulas de refuerzo donde los niños pueden estudiar, recrearse, comer e incluso asearse de ser necesario.

Ubicados dentro de una fábrica abandonada, las aulas se han convertido en una verdadera luz de esperanza para los niños de la Cañada Real, un complejo de infraviviendas ubicado a tan solo quince minutos de Madrid donde viven aproximadamente unas 8000 personas entre marroquíes, gitanos rumanos y gitanos españoles.

Dentro del campo de acción de Cáritas Madrid, está este proyecto ubicado en la zona 6, uno de los lugares de mayor pobreza extrema de la zona, donde se les imparte educación desde la etapa inicial y dando respuesta a lo detectado en el diagnóstico como lo fue la falta de hábitos de estudios en los más pequeños, generando estas aulas de refuerzo como una alternativa para corregir ese fenómeno.

Inclusión de las familias en el proyecto

Este proyecto de aulas infantiles está financiado directamente por la Fundación Mutua Madrileña con una asistencia fija de 40 niños que asisten dos tardes a la semana.

Durante la jornada se realizan las asambleas familiares dirigidas a los críos entre las que se incluyen la realización de collages, manualidades y actividades para sicomotricidad. También reciben una merienda en caso de que al llegar a su casa consigan para comer.

Los avances del proyecto se han notado considerablemente con un progreso en la participación y el rendimiento de los niños en el colegio, ya que han logrado coger el ritmo y ser menos cohibidos en el salón de clase.

Para que un niño pueda asistir a las clases debe estar escolarizado y su familia debe involucrarse, de esta forma se busca insertar a los padres dentro del proceso, en especial a las madres que también reciben consejos para educar a sus hijos y participan en las actividades una vez a la semana en calidad de profesoras aunque muchas de ellas sean analfabetas.

El proyecto liderado por Cáritas está diseñado no solo para involucrar a los niños, sino también a sus progenitores, en especial a las mujeres quienes han encontrado en este tipo aulas una manera de salir de la rutina y del círculo de miseria que les rodea.