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Cría de caballos: fases de la etapa reproductiva

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Su condición natural de presa explica la tendencia del caballo a asustarse fácilmente y huir. Sin embargo, si no aprecian una vía clara de escape o consideran que sus crías están en peligro, pueden llegar a ser muy peligrosos. Algo evitable si atendemos a la propia naturaleza social de este imponente animal, capaz de estrechar vínculos con individuos de su misma especie o de otras. Entre esas otras se encuentra, por supuesto, el ser humano, lo que propició uno de los hitos más destacados de la humanidad: la cría de caballos, una práctica que se remonta, aproximadamente, al año 3600 a. C.

La importancia de la reproducción en la cría de caballos

A día de hoy, nuestro mayor conocimiento y los adelantos tecnológicos han transformado por completo el concepto tradicional. La velocidad, agilidad y resistencia equinas están más destinadas al aspecto deportivo y al ocio, aunque también se siguen empleando como apoyo para diversas tareas. En cualquiera de los casos, se presenta imprescindible llevar a cabo un entrenamiento continuado, en primer lugar, por el bien del propio animal. Un caballo desatendido puede desarrollar problemas de carácter psicológico, generalmente provocados por largas estancias encerrados en los establos.

Para ahondar en lo relativo a este arte, hemos recurrido a la dilatada trayectoria y experiencia de uno de los criadores más destacados de nuestro país, Luis Javier Sánchez Navajas. Tomando como referencia su labor en la Finca de La Carreña, nos explicará todo lo que rodea a uno de los aspectos más esenciales para el futuro de las distintas razas de caballos: la reproducción. Desde el inicio de su madurez sexual hasta el parto, pasando por las épocas más propicias para el apareamiento y las distintas fases de gestación.

La madurez sexual y la temporada de cría natural

Aunque lo normal es que los machos entren en su edad reproductiva a partir de los cuatro años, existen casos en los que están listos a los 18 meses, a pesar de encontrarse aún en plena pubertad. Algo que no ocurre en el caso de las yeguas, que deben finalizar por completo su ciclo de crecimiento para estar preparadas. Una vez lo hayan hecho, su vida sexual puede prolongarse más allá de 15 años, un periodo de fertilidad que se extiende en los caballos hasta el fin de sus días.

En cuanto a la época más indicada para la cría natural, Luis Javier Sánchez Navajas la sitúa entre el inicio de la primavera y el fin del verano. Según sus propias palabras, “esta temporada es la más indicada, ya que las hembras se encuentran en un momento de mayor receptividad y la segregación de hormonas se estimula con mayor facilidad”. Como precisábamos, estas orientaciones van dirigidas a la cría natural, a diferencia de la inseminación artificial, que puede llevarse a cabo en cualquier época del año.

La gestación y el parto

Transcurridas unas seis horas desde el apareamiento, se produce la fecundación, momento a partir del cual comienza el ciclo de formación y desarrollo del embrión. Durante los siguientes 15 días, no es apreciable ningún cambio físico en la yegua, que normalmente mostrará un claro rechazo sexual hacia los machos. A partir de las tres semanas desde la inseminación, mediante una ecografía o un simple tacto rectal, puede empezar a apreciarse la presencia del embrión

Sin embargo, para que el embarazo sea notorio sin necesidad de pruebas, hay que esperar a algún momento comprendido entre el noveno y el undécimo mes, cuando el crecimiento del abdomen se evidencia a simple vista. Además, el último mes se produce otro fenómeno: la dilatación de las mamas, que inician su preparación de cara al proceso de lactancia.

Para el parto, Luis Javier Sánchez Navajas recomienda reservar un espacio en algún lugar del establo, siempre con la amplitud necesaria para que el potro pueda moverse nada más nacer, así como su madre. Antes de eso, las yeguas suelen preferir la intimidad, evitando el contacto con humanos o con otros ejemplares. Cuando ha nacido, la cría precisará tan solo de unos minutos para ponerse en pie y comenzar a alimentarse de leche materna, algo que seguirá haciendo hasta los seis meses, para empezar a complementar esta dieta con otros alimentos sólidos.