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En medio del Festival de San Sebastián, se otorgó al conocido saxofonista Charles Lloyd el galardón “Donostiako Jazzaldia”, entregado por Miguel Martin.

Tras un sencillo “gracias” seguido de un “yo me expreso con la música” como disculpa, llamo a escena a sus músicos para deleitar al público asistente que llenaba la Plaza de La Trinidad y así develar su ultimo repertorio compuesto de temas que rezan sobre lo mejor de la literatura llevada a su idioma musical personal.

El saxofón de Lloyd actuó en compañía del piano de Gerald Clayton, ambos reconocidos músicos cuyas ejecuciones son impecables; arrancaron con dos temas extraordinarios, el clásico Dream Weaver seguido del Rabo de nube de Silvio Rodríguez, donde en ambos temas, Lloyd llega a la cúspide de su interpretación y otorga al público música simplemente sublime, como antesala al duelo de pianos que vendría más adelante.

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Su acompañante Clayton, también hizo lo suyo interpretando de forma impecable los blues y dejándose llevar en el teclado del piano como lo suele hacer. Y para complementar esta maravillosa actuación, Reuben Rogers, contrabajista fenomenal y Eric Harland baterista con un impetuoso ritmo muy propio y en conjunto, realizaron un delicioso trabajo en escena que el público verdaderamente agradeció.

El grupo de músicos culminó su emotiva presentación con el famoso tema “La Llorona” que evoca un reencuentro con la música que se piensa desde adentro y es liberada al exterior plena de espiritualidad y belleza.

Le siguió la presentación titulada “Saxophone Summit” donde inesperadamente destaco el ritmo del contrabajo de Cecil Macbee en un compendio de músicos que se quedó cojeando por la ausencia de David Liebman y con un despliegue exagerado y exhibicionista de la virtuosidad del grupo que al final no dijo mucho, en lugar de un encuentro de saxofonista muy bien puede llamarse un lamentable desencuentro.

Alrededor de la media noche, se produjo un encuentro entre dos pianistas, el español Chano Domínguez y el italiano Stefano Bollan, ambos desataron un duelo donde se retaban el uno al otro pero también se estimulaban y se complementaban el uno al otro. Chaño dejo fluir su sentir por el Jazz flamenco como una marca universal mientras Stefano extrajo todas las melodías que lleva guardadas que abarcan desde la música Pop hasta la clásica.

La buena impresión que causo este dueto dio cuenta de una excelente comunicación, que comparten un discurso, que no solo tienen de que hablar sino que saben cómo hacerlo y para qué; son un dúo que recién se estrenan como tal pero que seguramente han llegado para quedarse y seguir deleitando al público en adelante. Sin duda, un duelo de pianos memorable.