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Basada en una historia familiar, la narración se desarrolla entre el pueblo michoacano de Tlapujahua, y la Ciudad de México, bajo el cobijo de uno de los museos icónicos y entrañables, principalmente para los capitalinos: El Chopo.

La noche anterior al cierre el museo fue plenilunio tiene una estructura polifónica en la que se delinea casi desapercibidamente un país posrevolucionario custodiado por el emblemático museo del edificio de cristal. Una historia distinta, con cierto humor, llena de pasión y que muestra una faceta del México profundo.

“La noche anterior al cierre del museo fue plenilunio. Aquella mañana la luna se entrometió en el día. Escuchaste las voces de algunos niños que esperaban entrar. Con sus perforantes tonos agudos lloraban sin saberlo al eco del viejo esqueleto de hierro. La jaula de recuerdos, El Chopo, crujía desesperada por los 107 años de historias que le sería imposible contar. Los expósitos Iban a ser devastados. En un trance pernicioso continúas junto a ella, gozando segundo a segundo el tiempo con el que contabas. Nadie había provocado en ti aquellos perfiles de lujuria: mirar de reojo el filito de luz que alcanzaba sus cabellos, sus mejillas, la puntita de su oreja. Acudían a ti los primeros espasmos ante las cascadas de polvo que filtraban los rayos del sol. El polvo mojaba su cuerpo. Acurrucado entre sus tegumentos vivió lo que tuvo que vivir inquieto por las células madre que nunca serían restablecidas, mientras tú escuchabas, desesperado, ese sutil crack con el que desaparecía. Podrías recoger el polvo al pasar tu lengua por su espina dorsal, vértebra tras vértebra. Las cervicales dulces, ácidas las lumbares, ocres las allegadas al coxis. Una a una. Madrugaste aquel día. En las mañanas, el ambiente del museo te provocaba una extraña rigidez en las piernas.” (Fragmento de La noche anterior al cierre el museo fue plenilunio, La Equilibrista, 2020)

El relato comienza con Cecilia y Helena, dos niñas que van con el colegio a visitar el museo de El Chopo en México. Están fascinadas porque es un museo de ciencia natural con animales disecados, esqueletos de dinosaurios  y también hay momias.  Su madre les cuenta que su tía Marcela está en ese museo momificada y se entusiasman con poder verla. A partir de ese momento, entreverada en varios planos narrativos, conoceremos la historia que llevó a Marcela a convertirse en una muerta incorrupta: su historia de amor con Rómulo, su fallecimiento y su periplo una vez convertida en cadáver.

La vida de los personajes confluye en una sola, la de Marcela, descubierta incorrupta por su esposo y trasladada por su hijastro a  Azcapotzalco, pueblo aledaño a la Ciudad de México, y posteriormente al museo de El Chopo. Rómulo, Marcela la viva, Esteban, Marcela la momia, Helena y Cecilia, son los personajes centrales del relato. Un cruce de pasiones, amores y extravíos  de aquellos que no pasan completamente el dintel de la muerte, quedan a medias, incorruptos o momificados, y de los que viven a su alrededor y no pueden sustraerse de las pasiones oscuras, tiernas, descarriadas y brutales que inspiran.

Carmen Turrent (México, 1946) radica en la ciudad de Cuernavaca desde hace más de cuarenta años y es profesora de primaria, maestra en ciencias del lenguaje y doctora en literatura mexicana. Ha trabajado en la formación de maestros de lengua y literatura y en educación indígena de su país en la Universidad Pedagógica Nacional; además ha publicado diversos artículos sobre arte, educación y literatura en revistas universitarias, y cuentos como coautora.

https://www.laequilibrista.es/producto/la-noche-anterior-al-cierre-el-museo-fue-plenilunio/