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Si se quiere invertir, por ejemplo, en la Bolsa de Madrid, hay una serie de conceptos, cuyo significado conviene tener muy claro, antes de invertir el dinero que tanto cuesta ganar. Y, en este ordenado amalgama de conceptos, figuran, con especial protagonismo económico, el del dividendo y el de la cartera de valores.

El dividendo es la parte del beneficio que se reparte entre los accionistas de una compañía o, dicho de otro modo, se trata de la remuneración que recibe el accionista por ser propietario de la sociedad. La cantidad es variable, de una forma directamente proporcional, en función de los resultados anuales que la empresa haya obtenido. El importe de cada dividendo lo propone el consejo de administración para su aprobación en la Junta General de Accionistas.

Según numerosos expertos en la materia, como Roy S. Freedman (en su obra “Introduction to Financial Technology”), la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales fue la primera compañía, de carácter público, de la Historia, en pagar, de una forma regular, dividendos; estos dividendos representaban un 18% del valor total de las finanzas y dicha compañía estuvo pagándolos durante casi dos siglos.

El dividendo se presenta en importe bruto o neto después de la retención fiscal que sea aplicable y puede ser de varios tipos:

-Dividendo a cuenta (“interim dividend”): Aquel que se entrega a los accionistas, como anticipo de los resultados finales que se esperan. Cuando no hay dividendo a cuenta, se opta por pagar un dividendo único.

-Dividendo complementario (“additional dividend”): Dividendo que se añade al entregado a cuenta, una vez que la Junta General de Accionistas aprueba la cantidad definitiva que se ha de repartir, con cargo a los resultados anuales.

La cartera de valores

Íntimamente relacionado con el concepto de dividendos, se encuentra el de cartera de valores, un conjunto de activos financieros, que se poseen como una forma de inversión. Esta figura económica se compone de una serie de instrumentos financieros de renta variable y/o renta fija. Las carteras están formadas por gestores de fondos, particulares…. Pueden distinguir entre tres tipos básicos de carteras, a saber: la que tiene perfil moderado surge de la combinación entre activos de renta fija, de renta variable y depósitos, la que opta por un perfil conservador suele ser un perfil que está en activos de renta fija y depósitos y la que prefiere adscribirse a un perfil arriesgado en este caso, cuenta con una elevada participación en renta variable. También existen carteras cuyo principal objetivo es la especulación, además de otras que pueden tener como propósito obtener una pequeña fracción de control de lo que la empresa emite. Así pues, es posible afirmar que una empresa puede tener una cartera de activos estratégicos con la finalidad de tener una posición dominante sobre otras empresas. 

En el escenario que domina el panorama económico actual, con los tipos de interés en mínimos, donde los depósitos a plazo ofrecen una rentabilidad muy baja y a la renta fija le queda un recorrido ciertamente discutible por no mencionar el hecho de que algunas emisiones ya están cotizando con rentabilidades negativas,  algunos inversores se están planteando como estrategia alternativa, rentabilizar su cartera de valores con los dividendos.  

Y es que la fórmula de “scrip dividend” que se puede traducir por la expresión “dividendo en acciones”, da la opción de cobrar el dividendo en acciones para lo que la empresa suele aumentar capital, en efectivo para lo que debe solicitarlo o parte en acciones y parte en efectivo. Es una opción que, en los últimos tiempos, se ha puesto de moda, si bien ha sido una operativa bastante usual en las empresas tradicionales. Recurrir al “scrip dividend” puede proporcionar gran rentabilidad en varios casos prácticos, por ejemplo:

  • En esas legislaciones en las que la venta de derechos de suscripción tiene mejor fiscalidad del dividendo, porque ofrece una interesante rentabilidad financiera fiscal para la empresa.
  • En las empresas obligadas a mantener un determinado coeficiente de solvencia (como los bancos), porque repartir dividendos en acciones puede hacer más sencillo cubrir los coeficientes, al convertir, en patrimonio, el beneficio.

Los meses de junio y julio, así como los de diciembre y enero, son los que los accionistas, de la mayoría de las empresas, tienen la oportunidad de cobrar los mayores dividendos. En estos casos, lo más habitual es que los dividendos cobrados en un mes, sean superiores a los del año anterior. De gran utilidad, para realizar cualquier inversión en este ámbito, es conocer al detalle el calendario bursátil previsto para este año 2019 como puede observarse, son días festivos los fines de semana, el 1 de enero, el 19 de abril, el 22 de abril, el 1 de mayo, el 25 de diciembre y el 26 de diciembre.