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Un trauma infantil parece ser el origen de la impresionante historia de este inglés del que hablaremos en este artículo. Norman Leigh nació en 1928 y en su infancia presenció cómo echaban a su padre de un casino francés a patadas, después de haber perdido hasta el último céntimo en sus apuestas.
 
En el verano de 1966, tras años de pruebas y preparación, se desplaza junto a 12 personas a Francia y pone en marcha su plan: asaltar la banca de los casinos jugando a la ruleta. La preparación de este plan le llevó, ni más ni menos que una década, después de formar a los 12 jugadores que le acompañaban.
 
Y vaya si lo consiguió… bastará decirte que Norman Leigh, del que por cierto no sabemos si sigue vivo a sus 91 años, tuvo prohibida la entrada a los casinos franceses toda su vida, después de hacer saltar la banca en el Casino de Niza, “curiosamente” el mismo casino del que su padre había sido expulsado de malas maneras.
 
Norman Leigh entrenó a sus “compinches” para comportarse como verdaderos soldados ante la ruleta, jugando por turnos apostando horas y horas, incansables, como robots, a las seis apuestas simples de la ruleta francesa. Esa asociación incansable de varios jugadores apostando de forma combinada y siguiendo las estrictas normas marcadas por Leigh iba, poco a poco minando a la banca hasta hacerla saltar.
 
Norman Leigh tomó el método Labouchère inverso, maximizando las ganancias durante una secuencia favorable de aciertos (con varios jugadores a la vez) y rebajando rápidamente las apuestas en la secuencia perdedora. La clave: cuando las apuestas aumentan en una secuencia ganadora, el dinero que se arriesga es el de la banca. Como quiera que jugaban a la vez varios jugadores unidos, aumenta la posibilidad de apuestas ganadoras sin sobrepasar el límite de la banca. Esto es lo que Leigh llamaba “hongos”.
 
A los tres días, parece ser que los hongos habían sido muchos y finalmente saltó la banca del Casino de Niza. Diez años de trabajo, gestando la venganza por la humillación de su padre, presenciada por el niño, habían culminado con éxito.
 
Norman Leigh escribió un conocido libro llamado “Trece contra la banca”, en donde explica exhaustivamente qué le motivó a conseguir ese método con el que ganar a la ruleta, su fase de aprendizaje, las bases matemáticas que sustentaban el sistema empleado y como organizó a su equipo de colaboradores, como les fue entrenando y como finalmente consiguieron hacer saltar la banca en ese cálido verano francés de 1966.
 
Resulta un libro muy divertido, sobretodo en cuanto a las descripciones de los sentimientos de ganar o perder, la excitación del ganar y, en muchos casos, la necesidad de perder para que la ganancia sea progresiva y no inmediata. Norman sabía que cuanto antes saltara la banca, antes se acababa el goteo de ganancias. Valía más la pena ganar lentamente que de inmediato.
 
Esta sensación queda maravillosamente descrita en esta frase:
“la mayoría de las personas son más felices perdiendo, aunque, por supuesto, les cuesta muchísimo reconocerlo”.
 
Se puede decir que Leigh hizo historia, en sus propias palabras, “al demostrar que un determinado grupo de personas que actúa según un sistema científico es capaza de derrotar al casino según sus propios términos”.
 
Y en el momento que eso pasó, Leigh y sus 12 compañeros fueron puestos de patitas en la calle y se les prohibió de por vida entrar en el Casino de Niza y de Francia.
 
Fueron ocho días de juego incansable y permanente, en el que, como hemos dicho, los jugadores se turnaban para no dejar la mesa de la ruleta. Agotador. Con el plan de Leigh consiguieron 800.000 francos de la época.
 
La verdad es que resulta bastante complicado llevar a la práctica el plan de Leigh a la actualidad en un casino online, pero quien sabe, tal vez, en este momento, hay alguna persona en el mundo reclutando jugadores para jugar a la vez en una ruleta en vivo, dado que hacerlo online es totalmente imposible.
 
Lo que está claro es que, a la hora de jugar, es necesaria una estrategia. Norman Leigh pasó diez años de su vida estudiando concienzudamente la manera de poner en práctica un sistema utilizado en el juego de la ruleta y se dio cuenta que, al introducir varios jugadores, las posibilidades eran mucho más altas. Tan altas que consiguió su propósito.
 
A lo largo de la década que utilizó para desarrollar su plan, Leigh hizo diferentes pruebas para analizar si el sistema funcionaba y analizar los posibles fallos para luego estudiar las soluciones. Pruebas continuas hasta llegar a la solución definitiva.
Pero, ¿qué hubiera pasado si se hubiera encontrado con una secuencia ganadora tal larga que hubiera hecho saltar la banca de manera inmediata?